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Rosado, demencia escrita. Personajes estrafalarios. Poesía callejera de la peor especie. El Átomo y Monika y Hebert el sicópata lector.Hélena la bella sueca abandonada por su talibán, léase jinetero no escrupuloso, prontamente en tierras lejanas.
Aunque después de todo el sicópata lector y TEA la acompañan.

Todos los singaos policías haciéndonos guardia y esas gaitas mal tocadas por una banda de desesperanzados bárbaros en un parque que debiera bombardearse lo más ponto posible. Amanecemos en un circo para niños deformes por la alimentación, sus madres nos miran asustadas y se apartan, gran espanto, damos miedo de verdad. Nuestros pelos sin amarres ni control vuelan en un sol de mediodía achicharrante, capaz que sea eso lo que esté deformándolos. Además de tantos líquidos extraños que se meten. Niños orwellianos inexpresivos del todo. Anestesiados con cocas semicalientes nueva generación. Cloroformizados en las piscinas apabullantes.
Lenguaje demente, rosado escrito. Escritura rosada demencial. Nos arrojamos sobre un mar de malangas enormes húmedas, helechos gigantes. Monika grita: CUIDAR TE AYUDA, NO DESTRUYAS: tiene a Moraleja colgada de una pata.

Los niños andan intoxicados con los gérmenes alucinógenos que le echan al agua. Yo sigo recopilando la materia prima para tapizar las últimas escaramuzas literajeras que puse en remojo para más tarde.

El barquito navega por el tóxico Almendares. Río infecto, risa contagiosa.

Dentro se derrite una menta.

Una flor venenosa. Un cierto movimiento X nos llama a la inacción, la convocatoria vence en un año. El año que viene no moverán un solo dedo para más nada. La demanda es el GRAN CAMBIO. Nosotros deberíamos inventar un nuevo movimiento anárquico XXY. El Átomo y Monika, Hebert y Hélena, Yo y Moraleja, Gorka y Li-Ya, Lean y Cláudico, Ezek y Él.

Fórmula del éxito: esto último escrito en la última página de la novela septuagenaria de Nabokov. Li-Ya que dice: he pecado tanto que ya ni me acuerdo. Li-Ya es católica.

Los demás, brutos.

Ejército anaquenóntico. Incontrolable.

El alcohol nos tira en movimiento desenfrenado de los cachumbambés oxidados del parque diversionista. Se nos abren agujeros marrones que tenemos que cubrir con las hojas rosadas de un cuaderno de Biología que encontramos a nuestro paso. Rotas y usadas. Decidimos ponerle a nuestro ejército otro nombre: desControl-Z. Después nos sentamos en los vestíbulos horrendos de los hoteles y subimos a los miradores. A lanzar unos cuantos manifiestos inactivos X.

Si nos preguntan qué estamos haciendo exactamente, respondemos

que esperando el G C, claro.

Mientras los demás buscan hongos pinareños.

Mientras, los demás buscan.

Hongos pinareños.

Claro.


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