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Dichosos los perseguidos…
Porno Para Ricardo: Las buenas conciencias y una movilización en todo el mundo.
Laura García Freyre, México DF | 01/09/2008

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Dichoso Luis, padre de Gorki, que no visitará una prisión a cientos de kilómetros de su domicilio, en el municipio habanero de Playa. Ni tendrá que detenerse en cada uno de los reclusos con la angustia de no poder reconocer a su hijo, tratando de hallar en algún joven un rastro físico de lo que ha quedado de él. Luis no vivirá ese desconsuelo. Gorki tampoco conocerá a “La Puerca”, ni a ninguno de los personajes de prisión que describe el escritor Ángel Santiesteban en los crudos relatos de su libro Dichosos los que lloran.
Mientras en el exterior de la Isla se vivía una gran tensión y la prensa se movilizaba por la detención de Gorki Águila, líder del grupo Porno Para Ricardo, Pablo Milanés, siempre antiimperialista, cantaba con indiferencia y júbilo. El músico de 39 años permanecía aislado en una celda de la estación policial “La Quinta”, durmiendo en el piso, en terribles condiciones higiénicas y comiendo algo que era caldo de frijoles, con raspadura de arroz y una porción raquítica de un pésimo pescado cocinado en sus propias vísceras —según le dijeron—. Quizás por ello, Gorki se sorprendió cuando vio en la televisión las prisiones norteamericanas en las que supuestamente se encontraban los “Cinco Héroes”. “Ñooo… parecen centros vacacionales”, me dijo.
No es la primera vez que el líder de Porno para Ricardo pisa una prisión. En 2003 fue condenado a cuatro años en la Prisión Provincial de Pinar del Río. Cuando cumplió dos años y medio, fue liberado. Sin embargo, ese tiempo fue suficiente para acrecentar su furia por un sistema que lo condenó por narcotráfico sin más prueba que dos pastillas y dos pesos cubanos. “Eso basta para hacer un traficante”, afirma el rockero en la canción La Política. Los años preso casi le arrancan de la cabeza algunos recuerdos gratos, como un viaje que hizo a Dinamarca por una semana, invitado por Free Muse, y donde se deleitó comiendo una tropical y jugosa piña.
‘Plan Coraza’ y Primavera Negra
El encarcelamiento de Gorki fue parte del llamado “Plan Coraza”. Al tiempo que era detenido durante un concierto en el Festival Pinar Rock, 75 disidentes, firmantes del Proyecto Varela, periodistas y bibliotecarios independientes, activistas de derechos humanos…, eran encarcelados con penas de hasta 28 años. De ahí que no sea exagerado afirmar que el líder rockero fue el preso número 76 de la llamada Primavera Negra.
El caso de Gorki se dio dentro del proceso del Plan Coraza, una operación policial para erradicar el consumo y el tráfico de drogas, la prostitución, la pornografía y la ilegalidad en general. Sirvió también para denunciar todo tipo de irregularidades, como el mercado negro, y fue el marco ideal para saldar viejas cuentas personales: se supo que no todos los acusados estaban implicados en negocios ilícitos.
Desde los años setenta, el régimen ha visto en el rock y su entorno cultural un producto del imperialismo cuyo fin es el enajenamiento y su causa es la delincuencia y la drogadicción. Pero no sólo Gorki fue víctima de esta situación, también las autoridades clausuraron El Patio de María.
Hasta la fecha, El Patio de María es un recuerdo emblemático para una generación de cubanos que lo mitificaron ante la falta de espacios para el rock. Dirigido por María Gattorno, licenciada en Historia de Arte, El Patio… fue entre los años 1987 y 2003 el lugar por excelencia para conciertos y reunión de jóvenes; una opción relativamente alterna al Estado, porque, aun siendo una iniciativa estatal, la dinámica del lugar fue creación de Gattorno. El cierre del Patio de María forma parte del expediente del Plan Coraza: las autoridades alegaron que era propicio para corromper a la juventud por el consumo de drogas.
El Plan Coraza fue la justificación ideal para la detención de Gorki, visitado meses antes por “el policía de la cultura” —como el mismo le llama—, quien le cuestionó el uso de “malas palabras” en sus canciones. En esa ocasión, le impusieron que firmase una carta de arrepentimiento, a lo que se negó, defendiendo su autonomía y la de sus canciones. Posteriormente, con el pretexto de haber cometido un delito de desorden público, se le impidió tocar en un concierto en Holguín hasta que no pagase una multa de 150 pesos.
Escenas de una vida en Kilo Cinco y Medio
De los dos años y medio en prisión, a Gorki le quedan terribles recuerdos, la amargura de esos años y la intensificación de su rabia. Por otra parte, permanecen en alguna parte los gratos pasajes del viaje a Varadero con que fue premiada la mujer que tendió la trampa que llevó al músico a la cárcel.
Las condiciones en las que permaneció en la celda 17 del “régimen especial” de la Prisión Provincial de Pinar del Río, conocida como Kilo Cinco y Medio, permanecen vivas en la mente de Gorki. Al ser condenado por tráfico de drogas, compartió celda con diversos narcotraficantes al menudeo, como El Guajiro, arrestado por poseer un kilo de cocaína de “recalos”, y un joven frikie, detenido y juzgado dentro del proceso del Plan Coraza, que adquiría el “paco rojo” (parkinsonil) en las farmacias del Estado, mediante su propia tarjeta, y lo revendía en el parque de la calle G.
La alimentación es uno de los mayores problemas en la cárcel, no sólo para Gorki, sino para miles de presos comunes y políticos. El padre de Gorki podía visitarlo cada tres meses y llevarle una bolsa de productos de primera necesidad, con más 30 libras de comida, que sólo le duraba un mes.
En Kilo Cinco y Medio, Gorki durmió en un colchón de hierba (conocido como malaqueta), pues sólo unos pocos reos podían descansar sobre un colchón mejor. Sus amigos y familiares también le proveyeron de ropa de cama, un cubo y productos de higiene, además de una camiseta blanca que llevaba como uniforme. “Lo que más me preocupaba de que me cambiaran de celda, era el bombillo”, decía Gorki.
Durante dos años y medio no pudo leer ninguna de las revistas de rock que le mandaban los amigos. Las autoridades las retenían por considerarlas violentas. Sin embargo, según Gorki, tuvo la experiencia de leer por vez primera la revista Encuentro de la Cultura Cubana: “Había presos que estaban a cargo de la basura, hacían labores de recolección, pepenaban, y encontraron una revista Encuentro de la que yo sabía de su existencia, pero nunca había tenido una en mis manos. Los pepenadores, de casualidad, la rescataron, pero al ver que no contenía imágenes, se la regalaron a los presos lectores, pasando de mano en mano”.
Ante tanto atropello, lo único que mantenía con esperanzas a Gorki era recibir noticias de afuera, sea por medio de la gente que lo visitaba o la correspondencia que recibía, la cual era supervisada. “Me decía a mí mismo que esta pesadilla iba a pasar, pero aun así, es tan difícil pensar que vas a salir de ahí. El nivel de desesperanza es altísimo. Lo único que tienes en la prisión es a ti mismo, no hay amistades, no hay nada. Tan sólo saber que en el exterior de la prisión, tanto en Cuba como en el extranjero, había gente apoyándome y siendo solidaria, me llenaba de esperanzas”, confiesa el músico.
El poder del punk
Por lo pronto, Gorki no volverá a limpiar su celda con agua llena de fango, ni gozará del “privilegio” de manejar el equipo de sonido de la prisión para tocar canciones de Silvio y Pablo (¡quién lo diría!), como le ocurrió en 2003. Hoy Gorki está en su casa, con más desprecio por el régimen que lo trata de callar.
Gorki y el resto de los integrantes de Porno Para Ricardo, Ciro, Renay y Hebert, se mantendrán fieles a la estética y filosofía punk que los ha caracterizado a lo largo de diez años. De esencia provocadora, el punk permite expresar abierta e irreverentemente su descontento, por medio de una lírica soez y vulgar, y contra los convencionalismos éticos, estéticos e ideológicos. Porno Para Ricardo lo ha conseguido en su primera década de vida.
Como bien dijo el músico punk John Savage, “el punk es (todavía) el sonido de la gente descubriendo su propio poder”. Porno Para Ricardo no sólo ha provocado a las buenas conciencias, sino que cientos de miles de personas en todo el mundo nos hayamos movilizado. Gracias a ello y a la presión internacional que se ejerció sobre el régimen, a Gorki se le retiraron los cargos de “peligrosidad predelictiva”, con una acusación por desobediencia civil y una multa de 600 pesos cubanos, pagaderos en 300 pagos de dos pesos.
© cubaencuentro

” … que la memoria se me llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas…”

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