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rumores de que hubo una protesta en Cárdenas…

cuidense…ya hay 85 procesados por acaparamiento y venta ilegal…los chistes y alguna manifestacion publica puede ser pelirosa en momentos asi…no se confien…como decia mi abuela en boca cerrada no entran moscas…dominen la pasion y la impotencia…

Ernestico linqueo a Lia con el pan con aceite…muy buen post…

Milan Kundera delató a un estudiante a la policía comunista

El joven cumplió 22 años de prisión por la denuncia del escritor, que entonces millitaba en el partido, según una publicación checa

ELPAÍS.com – Madrid – 13/10/2008

 

El famoso escritor Milan Kundera denunció en 1950 a un estudiante a la policía comunista checoslovaca, lo que desembocó en una condena de 22 años de prisión para el joven, según revela la revista Respekt en su edición de este lunes.

La publicación explica que Kundera fue la persona que informó a la policía de que el joven Miroslav Dvoracek había mantenido contactos con los servicios de inteligencia occidentales. Como consecuencia de su declaración, Dvoracek fue arrestado y sentenciado a pena de muerte, aunque finalmente cumplió 22 años de cárcel y trabajos forzados.

Dvoracek, que actualmente vive en Suecia, había creído hasta ahora que fue una joven a la que visitó en su dormitorio quien le delató.

Kundera, nacido en la República Checa (entonces Checoslovaquia) en 1929, se afilió al término de la Segunda Guerra Mundial al Partido Comunista, del que fue expulsado en 1948. A pesar de su militancia, el escritor siempre fue un crítico mordaz del socialismo. Su principal obra, La insoportable levedad del ser, se ha convertido en una importante referencia sobre la disidencia en Europa del Este durante la Guerra Fría. Desde 1975 reside en Francia, país del cual adquirió su actual nacionalidad.

Enemigo rumor

No sé por qué, a estas alturas uno debía estar en guardia ante cosas así pero lo cierto es que esta noticia me ha dejado paralizado: Milan Kundera delató a un condiscípulo suyo en la universidad que pasó 22 años en prisión. La noticia es vaga: se cita una revista checa pero no la fuente original de donde se sacó la información. Tampoco hay una explicación creíble a por qué el gobierno comunista nunca utilizó esa información contra el escritor. Casi se puede sentir el placer del redactor de la noticia en adelantar algo que dados los elementos que maneja parece más bien un chisme. Nada de eso es más importante para mí ahora mismo que la inquietud que me genera la sospecha de que la noticia pueda ser real. Después de todo no es un secreto que en términos literarios la autoridad moral es menos productiva que el remordimiento. No es que la noticia –en caso de que sea cierta- disminuya el valor de las novelas de Kundera pero saber que un amigo –porque en eso se convierte un escritor con cuyos textos se ha convivido durante años- resultó ser un delator, la negación de lo que has creído que era, resulta casi más triste que su muerte. Y es inevitable leer “La broma” de una manera distinta, como un acto de expiación ante una culpa insoportable, una burla macabra del autor hacia su propio pasado y una multiplicación hasta el infinito del terrible juego de las traiciones. Definitivamente “La broma” sale ganando en ironía.

Carlos Victoria: Sin tiempo para despedirse.

Foto: José Abreu Felippe.

Carlos Victoria

By JOSE ABREU FELIPPE

Publicado en el Nuevo Herald. 12 de octubre del 2008

Ytal día hace un año, solía decir mi madre aludiendo a la muerte como algo inevitable y a que pronto los muertos se van quedando atrás. Comienza un cumpleaños de muerte mientras la vida sigue imperturbable, ajena, camino del olvido. Hoy cumple Carlos Victoria un año de muerto y yo no me he acostumbrado, no me hago a la idea de que está muerto. Tal vez porque todo sucedió tan de repente y no hubo oportunidad para una despedida.

A veces son las cuatro de la tarde y estoy en la terraza, un auto pasa y me parece que lo voy a ver cruzando la calle, encogido, con un libro en la mano o bajo el brazo; que alza la cabeza, saluda y me grita algo. Esa sensación apenas dura un segundo, enseguida me digo que Carlos no volverá a cruzar la calle, que está muerto. Y es que no hacía tanto que allí mismo me contaba el desarrollo de su más reciente proyecto, una novela monumental –mil páginas por lo menos, me decía–, una saga familiar donde, desde luego, él se volcaría como había hecho siempre. La propia vida disfrazada de novela, como suele ocurrir con casi todos los grandes escritores. Quizás porque es necesario hablar de lo que se conoce bien y, ¿qué se conoce mejor que a uno mismo? No se puede inventar nada, todo está inventado desde tiempos bíblicos, Eclesiastés, I,5. El único material nuevo, original e irrepetible, es uno mismo, y ese descubrimiento, que tampoco es novedad, nada tiene que ver con el narcisismo, el figureo o la autocomplacencia. Porque estos últimos son sólo pantalla, humo, vanidad; y desnudarse duele.

Carlos era un hombre sencillo, siempre preocupado por la familia. Un hombre joven, retraído, maniático como todos los solitarios, celoso de su tiempo y su privacidad, pero amigo de sus amigos. Un lector obsesivo, un hombre culto que hablaba varios idiomas, que amaba la música clásica y el cine de autor. Yo lo escuchaba leer con esa cadencia muy particular que le imprimía a las palabras; veía como los ojos le brillaban mientras que con su letra redonda, casi infantil, escribía cuartillas y cuartillas. No pudo ser. Quedaron unas pocas páginas que se publicaron en una revista y que nos mostraban un Carlos Victoria renovado, en control absoluto, dueño de unos recursos expresivos que prometían paisajes deslumbrantes. En fin, para qué seguir con lo que no fue. Es mejor mirar a lo que nos dejó, una obra sólida que, estoy seguro, vencerá el olvido que impone la muerte.

Es muy pronto aún, ésta no es la ocasión, ni yo la persona indicada, para una valoración definitiva de su obra. Sé que se hará, que es probable que ya se esté haciendo. Que sus libros se agotarán y volverán a editarse. Y se seguirán traduciendo a otras lenguas. De momento, mientras las aguas tomen su nivel, y tanta tontería oportunista y hueca, ahora aupada, ocupe el lugar que le corresponde, en este primer aniversario de su muerte, pienso que lo mejor que podemos hacer, sus amigos, los que no fueron sus amigos pero lo conocieron, le escucharon algún día leer y tal vez le admiraron, y todos los que aún aman los libros y la buena literatura, el mejor homenaje, la prueba de que en realidad sigue vivo, es leer a Carlos Victoria. Con ese único fin es que enumero aquí algunos de sus principales libros: Las sombras en la playa (1992), Puente en la oscuridad (Premio Letras de Oro 1993), El resbaloso y otros cuentos (1997). Y, sobre todo, La travesía secreta (1994), novela impresionante –y apasionante– que recoge toda una vida y toda una época. De obligada lectura.

Carlos Victoria (Camagüey 1950, Miami 2007) es, y quiero hablar así, en presente del indicativo, uno de los escritores más importantes de su generación, que es la del Mariel. En Cuba fue pateado y toda su obra incautada por la policía. Ahora, junto a sus amigos Reinaldo Arenas y Guillermo Rosales, me lo imagino, en este primer aniversario –del otro lado de la estrella fugaz–, repitiéndome, recordándome, la única premisa que debe tener presente todo creador, la única filosofía posible: ¡No te detengas!


jaad

si deseas bajar al cuartucho, aquí está el enlace…

“Cuarto de máquinas”
http://jorgealbertoaguiardiaz.blogspot.com/

“Si la gente que ama la libertad en todo el mundo no protesta contra la opresión de China en el Tíbet, hemos perdido toda nuestra autoridad moral para hablar de derechos humanos en cualquier otro lugar del mundo”, Nancy Pelosi

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