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Cómo se nos ocurrió que se podía estar tranquilos armando tremenda bulla -el rock es sinónimo de escándalo público en la mayoría de los barrios para casi todo el mundo- y cantando letricas subversivas con micrófono y todo en una fiesta privada en Nuevo Vedado y para colmo al lado de un edificio del Ministerio del Interior: o sea, la casa de los policías por excelencia.
Como Sandra tuviera a bien, en todo su derecho, suspender la expo y de paso el conciertico que esta gente aguardaba con tantas ganas, la cosa se trasladó para la nueva casa de ensayo,
donde Alejandro, que la habita in solitarium, se muda de cuarto en cuarto en la segunda planta dejando atrás orgánicos basureros en crecimiento, que podrían haber suplantado de hecho cualquier exposición performática y contemporánea en un espacio privado.




Alejandro, “el mexicano”, literalmente aglutina residuos y prepara ollas de espaguettis que se quedan durante muchos días en el fregadero inmutables.
Conecta la cafetera eléctrica en la sala,
y si el Gorki no se ha llevado la walkman, se amplifican los narcocorridos a todo volumen
-por lo menos algunos decibeles por debajo de los pornocorridos censurados en la incipiente madrugada de un sábado de fiesta en la sin-city, sin-music para los pobres de la tierra.

Para que tengan una idea de “el mexicano”, que apenas conociéndome quiso que me mudara, luego que me casara, con él para cuidarle la casa cuando se fuera a estudiar producción de audiovisuales a México en menos de un mes o algo así… y conste que el muchacho no estaba borracho porque me llama todos los días para preguntarme cuándo me mudo… la Claudia-la-maga (detrás de todo hechizamiento que se respete tiene que haber una hechicera como es debido, que haga aparecer y desaparecer palabras ante nuestros ojos confundidos, que primero las ven , y luego ya no, y las manitas enguantadas revuelven en el sombrero sin dejar traza ni huella en niguno de los ocho círculos, magia satánica)
 se cuestiona por qué alguien va a querer dejarte una casa GRAANDE destruida con amenaza de acabar despedazada, en poder liístico bajo las malas influencias pornorisibles… 
Sábado de ensayo, como es costumbre, el alcohol se acaba y se reintegra y se vuelve a acabar desde tempranas horas en la tarde.
Para cuando me entero de la fiesta, ya los Porno están fuera de foco, con la visión nublada, y no muy conformes con tocar para los tres gatos presentes después de tanta paranoia esquizo por parte de ellos mismos, que se abstienen la mayoría de las veces de autopromocionarse, a no ser en las camisas en las que el Gorki imprime sus diseños caseros y exhiben generalmente él y Hebert cada vez que salen. 
Justo la del 106, número bestial policíaco que acá no se usa para protegernos sino para cargarnos, descansaba encima de su bicicleta cuando en plena canción “el policía de la cultura” se personificó en dos anodinos desinformados que venían a aclarar a los muchachos rockeritos que para hacer una fiesta con amplificadores y guitarras eléctricas y batería se precisaba un permiso previamente solicitado a la mismísima PNR (Policía Nacional Revolucionaria o en este caso: Porno, no, Ricardo… aunque mayormente ni porno ni ricardo).
Suponiendo que la llamada fue realizada por una vecina  

que ya estaba “fatigada” de tanto ruido y además tenía una niña chiquita durmiendo… no había razones para pensar que otros intereses afloraban en la situación.
El desconocimiento en general que tenían acerca de si eran una banda y quiénes eran se hacía demasiado evidente, si no extraño para nosotros, que el susto nos había llevado a visualizar todo de nuevo: la estación, los correos, la manifestación trunca y finalmente el juicio, si bien no la victoria.
Para “tener constancia” de que habían hablado con nosotros, uno de los hombrecitos azul oscuro me pidió el carné de identidad después de sentir un flash clandestino volando en la oscuridad del portal, escapado por supuesto de mi cámara indiscreta.
Apuntó todos mis datos junto a los de Alejandro, sin hacer afortunadamente la clásica pregunta de que si soy de Luyanó qué hago en Nuevo Vedado, pornocorrompiéndome.
Y hasta ahí la pornocrónica y los dejo con las pruebas visuales en la escena del crimen de tocar apenas tema y medio a la una y media de la mañunga en un espacio pornoprivado.
 

Y ya que estamos en la bobería y en la graciecita, Zoé, si me lees, y aunque no venga mucho al caso, tengo el gusto de hacerte conocer el término usado para referirse a ti por Eduardo Heras León en un pasado festivalito en plena conferencia acerca de las tendencias actuales, el escritor y los medios y los géneros y subgéneros en la narrativa latinoamericana, a cargo de Luis Britto García, Liliana Heker y Sergio Gómez… ahí te va porque realmente no tiene desperdicio: eres una “pornopolítica”. 

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