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 Parece que hubo un lapsus con mi contraseña para acceder a blogger, que fue dejada en bandeja de plata en la AHS el miércoles pasado.

De hecho les dejé unas cuantas contraseñas, correos y esas cosas, pero bueno, qué le vamos a hacer a un laurel que se deshoja… no dárselo para nada a una vieja coja para que juegue con él… si seguimos alimentando el miedo y la carencia nos sigue inmovilizando y peor aún, nos silencia-mos más todavía, entonces sí que no habría mucho que hacer… Quiero agradecer el apoyo de todos los que me leyeron y dejaron frases alentadoras; adentro lo que abunda es la paranoia y la locura en masa.

Como dijera Jaad, hay que conservar un mínimo plano de organización, una mínima porción de lucidez, aunque hablemos de ápices… aquí la gente suele perder la calma y se cae en la desesperación de forma cinética. 

No voy a dejar de construir Habanemia aunque me cueste todo el trabajo del mundo ( o sea, de La Habana, diría Cabrera Infante).

No todo puede ser demasiado fácil, pero para detenerme tendrían que influir con todos sus artilugios y un poquito más. 

Ahí les voy con mi croniquita alucinante…

Un teni conflictivo

(Lejos de disminuir la represión aumenta en nuestras calles)

 

Las estaciones de policía son lo peor, no lo dije yo primero: lo dijo el gran motherfucker de Bukowski…

Y una estación aún en medio del Vedado o donde sea nunca será el sitio más entretenido que cupiera imaginarse. Bien lejos de la imagen promocionada en las películas de acción, entre denuncias menores de robos de carteras, relojes, y cosas por el estilo, y entre algún que otro caso de robo con fuerza, por supuesto; se pasa el tiempo.

En un ambiente donde todo se mueve en apariencia pero la realidad es el aburrimiento general que se despega de sus sillas de plástico negras y sus paredes oscuras, y los principales portadores de tal destilación de tiempo muerto son los compañeros uniformados que van y vienen por puertas y pasillos. Así el aburrimiento se personificó para venirme a comer por una pata en la Unidad policial de 21 y C, hace dos horas, cuando me “cargaron ” hacia allí en una patrulla luego de ser sustraída, por no decir abducida de manera por demás abrupta, de la parada del Coppelia, la más concurrida y céntrica que conozco de La Habana, en 23 y L.

En este punto, y sí como cabría imaginarse que ocurre sólo en filmes de acción, o quizás-tal vez si no la peor, en una de tus peores pesadillas; fui apuntada con el dedo acusador (era a mí, ineludiblemente, a quien señalaba ese dedo, estando yo en el único banco vacío en plena parada porque el sol le daba de lleno: escenografía, pudiera pensarse de forma in extremus paranoica claro, exprofesa y premeditada) de la compañerita del Minint, al tiempo que le mostraba a los dos oficiales rescatados de su esquina de aburrimiento de turno, y con grandes ademanes, el letrerito visible apenas que ostentaba la suela de mi zapato, pluma y tinta azul corrientes, si bien letras prolijas, a trazo alzado del Claudio, ya posteado por mí en habanemia: ABAJO FIDEL… al tiempo que me mostraba de refilón el carnecito de chivatona profesional de la Contrainteligencia (radicando en el Ministerio de Salud, le zorreaba luego a uno de los oficiales) sacado del bolsillo de su camisa de mezclilla, de arriba a abajo civilmente de mezclilla -a la velocidad insuficiente de poder ver su nombre para tratarla con la debida confianza y descaro que todo enemigo merece-, porque de casualidad había frío en La Habana…

 

Esto pasaba señores a las 9 y media de la mañunga habanémica.

 

Prácticamente fui forzada a enseñarles sin remedio el minucioso rezo que portaba mi encantadora suela. Y es claro que no les hizo la menor gracia ni por asomo.

 

A mí me pareció y así se los indiqué, nada sutil, que estaban exagerando con algo que era por demás bastante ridículo, pero el mío era un parecer muy particular dado que ellos se lo tomaban con una seriedad extremista. La muchacha repetía que era una tremenda falta de respeto, y que si permitieran que todo el mundo andase con “propagandas” de ese tipo en pullóveres y gorras, a dónde íbamos a llegar, y eso era algo que no podíamos permitir, no cesaba de decirse, porque los oficiales no le hacían ni caso y sólo miraban para mi suela en el piso, y negaban con la cabeza como los diminutos randys, los perritos horrorosos que empezaron a salir en todo por uno en producción masiva que hacían ese mismo y pesado movimiento de acatarlo todo todo el tiempo, y la gente empezó a bautizarlos como el conocido moderador de la retonta.

 

Pero en fin, la muchacha escandalizaba con su peculiar vocecita de joven fina y educada y la gente empezaba a interesarse en el asunto.
Permitieron incluso que una señora se acercara a preguntarme personalmente y en tono confidencial qué se me había perdido. Todo respeto, precisamente, le comuniqué, miradas negativas de los oficiales encima nuestro, con esos ojos arrugados que a veces te dan la extraña sensación de que no generan inteligencia propia, impresión ligera por cierto pero que viene al caso.

 

Después de probar su locuaz convencimiento de que aquello era demasiado y de las consabidas preguntas del origen de tal ¨cartel propagandístico¨, quiénes eran mis amigos y demás estupideces que no respondí, me hizo saber que mi captura se debía a que me había montado antes de llegar allí en una 55 (que cogí al paso en el semáforo de Paseo y 23 sin fijarme en cuál era) donde todo el mundo comentaba acerca de mi zapatilla… interesante, todo el mundo había sido capaz de poder ver un letrerito invisible a los ojos de los mismos oficiales, que si no se tenían que agachar a verlo era porque me obligaban a levantarlo e inclinarlo para su clara y fácil apreciación.

O sea, que la tipa se bajó conmigo de la guagua y me ¨trabó ¨ limpiamente, calculando como buena sabuesa que no me iba mover del banco escogido para la dulce espera del P-cosa (1) nuestro de cada día en lo que buscaba, encontraba y traía a los muchachones uniformados.

 

Para cuando llegara la patrulla mi banco había pasado de ser tablilla de acusados a banco soleado y solitario de nuevo: Al muchacho esposado situado al lado mío le habían finalmente concedido seguir; como el pobre tipo decía sin parar como una máquina: que lo dejaran ¨seguir¨ pinchando, que él era una persona reintegrada y renovada y que no lo llevaran por favor pa la unidad, suplicó todo el puto tiempo.

El oficial que lo sentó a mi lado le dijo que a lo mejor le daba el loco y se le olvidaba y lo dejaba ir de ahí a un rato, tal como hizo. Y díganme si eso no es represión aún sin saber la causa de la detención del hombre. Expresada mi inmediata desaprobación por la manera con la que se me acometió en plena parada, ellos pasaron a la habitual demostración de su pequeño poder, caso omiso del evidente ultraje, del que los privilegiados de la autoridad hacen uso indiscriminado todas las veces que les sea posible. Con ese pequeño poder pasan por encima de todo escrúpulo y se corrompen indefectiblemente.

Dicho sea de paso, nunca he visto venir con tal disposición y entusiasmo a ningún policía hacia mí con la intención de defenderme o protegerme en ninguna de las situaciones escabrosas que me ha tocado sobrepasar en la maléfica Calle habanémica. Para cualquier persona racional debiera ser mas denigrante pedir trabajo en la PNR que caer preso. Que ser Hijo de puta y chivatón es peor que ser marginal o delincuente en nuestra sociedad, aunque tengan repletas las calles de ¨voluntarios¨ de civil, informantes y compañeritas orientadas para aplicar cualquier método violento en reacción contra cualquier acto contrarrevolucionario con el que tengan el gusto de tropezarse y explayarse.

 

La compañerita militante se había esfumado después de informar mi inmediato arresto por teléfono. Seguro que para ser vanguardia o destacada del mes tenía que sobrecumplir el plan de ¨echadera pa`lante¨ y yo le serví como anillo al dedo. Tuvo que hacer la llamada en el cuchitril de cafetería que hay pegado a la parada, es una pena que no equipen a los muchachos como es debido y que pasen tanto trabajo, los pobres, en cumplimiento del deber revolucionero, el recontrachivatón deber que ellos mismos se imponen con todo su empeño.

Por ley, aquí cuando te detienen te niegan cualquier tipo de comunicación con nadie: a mis tres peticiones de llamar por teléfono en el transcurso de las tres horas y media que estuve en 21 y C, les siguieron las negativas, ¨no se puede porque estamos esperando al oficial de seguridad y estamos investigando… ¨; se fueron todos a almorzar, incluso el oficial de guardia Alexis, me ofreció almuerzo: tu quiere’ almorzar, niña?, la cual rechacé de entrada aunque me quedé con la curiosidad de conocer la comida de los hijos de puta… entonces para cuando llegara el de Seguridad del Estado, Marcos, así se presentó creo recordar, un muchacho muy joven y hasta simpático, simpáticamente cínico, acompañado por otro de apariencia más estúpida, y me llevaran pasillos oscuros hasta el consabido inhóspito y frío -congelado por el aire acondicionado- cubículo de interrogatorios; era muy evidente que estaría preparado para confundirme con toda la información referente a mi persona que le habrían puesto en las manos.

Pero el tipo se limitó a hacerme las preguntas obvias para llenar el formulario de turno, como si quisiera salir muy rápido de mí y mi caso.

No me pidió que le contara cómo había llegado hasta el zapato el cartel pero sí dónde había pasado y con quién, el tipo me pedía nombres…

La escuelita se hace má grande a medida que uno crece en este país, y la ciudad entera llega a ser el aula.

Se interesó sobre todo en el ¨mundo intelectual¨ que me rodeaba y dijo algo de mencionarle ¨personalidades¨con las que me reuniera alguna vez…

Por ultimo me pidió el teléfono y mi consentimiento -claramente obligatorio- de aceptar sus llamadas -hizo una referencia a dos meses que no entendí en absoluto- y le mantuviera al tanto de a dónde y con quién saliera en esos dos meses. Le refuté que ni mi madre ni yo misma a veces estaba al tanto de tal información, y que le iba a costar un poco de trabajo

dar conmigo en la casa, porque generalmente estaba en el cine o en alguna biblioteca.

Dejó bien claro que quería captarme, no utilizo la palabrita pero era más que evidente… dijo que alguna vez yo podría ¨servir¨ a mi país y desde donde estaba, ese mundo ¨tan complicado¨ de los artistas, era favorable que alguien se pusiera en función de eliminar cualquier propaganda anticomunista y contrarrevolucionaria…

A todas estas ya no sabía si el tipo verdaderamente estaba bien informado acerca de mi persona, pero bueno, quedarme callada era lo más inteligente que podía hacer y fue lo que hice, no dije ni papa y me dejaron ir siempre con la preocupación de si no estaba molesta ni mucho menos y si me iba tranquila. Tampoco respondí claro y me fui a la AHS empingaísima a escribir el adelanto de ayer, el tiempo que la terrible conexión me permitió desde la salita de navegación recién estrenada para tener un control más efectivo sobre los asociados… pero a mi qué, si total: el teléfono intervenido, las cuentas interferidas, las tropas de compañeritas chivatonas preparadas para desactivarnos al menor movimiento regadas por todas partes… lo único que quiero es GRITAR.
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Para los curiosos, el teni no fue confiscado ni mucho menos, el seguroso se sonreía -el único que vi con una mínima capacidad para el humor en todo el día, la gente de la parada reflejaba curiosidad (puro chisme cubano) y miedo; los policías estupidez y perplejidad- al decirme que por aquello no me podía retener.  Así que su ridiculez no llegó a tanto y pude regresar con el zapato puesto.

 

 

 

 

 

 

?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?
beso
**** lia
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“Nada sostengo, nada me sostiene; nuestra gran tristeza es no tener tristezas.
Soy un tarro de leche cortada con un limón humorístico”
                                                                                    Virgilio Piñera
“r1z0m4lia”
http://www.myspace.com/rizoma_lia
“hechizamiento habanémico hebdomadario”
http://habanemia.blogspot.com
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