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Category Archives: literaturas menores

Paloma, de “Adiós a las almas”

adios22

Nota de contracubierta de Adiós a las almas:

Como expresa Pedro Marqués de Armas: «Cuentos realistas pero no realismo ad usum como demanda el mercado o pudiera asimilar determinada política cultural; invención de un relato íntimo e histórico que trata irónica y, en ocasiones, oníricamente lo real. Y es que JAAD el sucio convierte el material abyecto de sus narraciones, con particular tratamiento del lenguaje, en una jugarreta literaria cuyos golpes de efecto suspenden cualquier apego roñoso a un entorno inmediato. El horror — parece decirnos — vale más mostrarlo que denunciarlo y más, mucho más, desfondarlo cómica y sentimentalmente».

Paloma

a Paloma, su poema

Yo iba a lo mío: compra-venta de libros a domicilio.

Me detuve en Cuba y Desamparados.

Edificio colonial en ruinas.

Subí hasta la azotea.

Escaleras cochambrosas, mierderas y mierdosas. Alguien me había dicho que la niña que vive en la azotea está buscando El hombre rebelde tiene veinte años y está buenota como una yegua pero ten cuidado está loca ¿Loca? sí loca de remate llévale el libro y sal corriendo loca de remate ¿me oíste? Claro que sí. Te oí. Parecías una cotorra desplumada. Viejo calvo. Impotente. Payaso. Lo repitió cinco o seis veces. Le tenía miedo a las niñas locas de veinte años pero yo no. Yo soy JAAD, Jodido Aunque A veces Descojonado, ese perdedor que a veces gana.

Y JAAD se arriesga. Hay que vivir peligrosamente. El tipo fue su profesor y se la templó en el Pre y ahora tiene miedo pero tú no. Tú buscas el libro bajo tierra y se lo llevarás a la casa y es un regalo ¿un regalo? claro princesita un regalo y quiero acostarme contigo y te la imaginas encima de ti con el pelo suelto sus tetas durísimas y mojada tan mojada que pareces de agua tú eres de agua déjame tomar agua de tu pozo sin fondo y me arrodillo y empezará a llover y le dirás tú eres Tota yo soy Tabo dos viejos pánicos jugando a la vida beberé tus flujos cósmicos y estuve buscando mi alma en tu hueco caliente te perdiste en el túnel del tiempo y ella reía tú estás loca yo estoy loco soy un caracol que se arrastra a casa que recorre cada pliegue de tus intestinos soy un caracol soy un caracol eras un caracol JAAD eras un caracol ahora no eres otra cosa que un pobre diablo que compra y vende libros a domicilio que subes unas escaleras cochambrosas mierderas y mierdosas.

Llegué a la azotea.

Una puerta.

Sobre la puerta un No pintado de rojo. Y una frase de Dostoievsky: Me mataré para afirmar mi insubordinación, mi nueva y terrible libertad. Cogí aire. Tenía que reponerme. Me estaba convirtiendo
en un viejo de treinta y cinco años. Me soplé la nariz. Visualicé la verga de un caballo. Ese eres tú, JAAD, indómito corcel que cabalgarás sobre la sábana y la sabana aterciopelada de una piel primorosa. ¡Oh, gran unicornio infatigable! Me quité el sudor de la frente y el sarro de los dientes.

Por fin toqué.

Abrió la puerta.

Borracha.

Desnuda.

—Estoy haciendo Body-art, tengo una vulva de colores y esta noche me voy a suicidar —dijo.

En cada mano un pincel. Un pezón rojo y otro azul. Me quedé mirándola con descaro. ¿Cómo fue posible que el burro profesor se acostara con aquel encanto? Estaba fumando marihuana.

—Te ibas a suicidar, princesita. Ya no. Mira lo que traigo para ti.

Abrió los ojos. Gritó. Se me tiró encima. Me dio un beso en la frente y luego en los labios. JAAD estará hecho polvo pero resucita. Apenas me rozó tuve una erección. Muy bien, niño malo, ella va a decirte pasa y tú pasarás y dentro de diez minutos estarán uno dentro del otro.

—Pasa —dijo.

Palomar con paloma pensé. Palomar derruido, carcelario, milagroso.

—Me llamo Paloma.
—Ya lo sé.
—¿Cómo lo sabes?
—Lugar común: vives en un palomar.
—¿Y tú cómo te llamas?
—JAAD.
—Ya lo sabía.
—¿Por qué?
—Lugar común: tal para cual.

Nos reímos. Dos locos a diez pisos sobre el nivel de la ciudad. Su cuarto era pequeñísimo. Todo de madera. No había baño. Una puerta conducía a la azotea. Asomé la cabeza.

A lo lejos, el mar.

—No tengo dinero pero quiero el libro.
—Es un regalo.
—¿Un regalo?
—Claro princesita un regalo y quiero acostarme contigo.

Me dió ron y me pasó la marihuana. Me dijo que me quitara los zapatos. Para entrar en mi cuartucho hay que amar la vida, vivir sin miedos ¿te gustan mis poemas? Me señaló una pared. Había de todo. Lorca, Eliot, Mandelstam, Casal, Pavese. Escribí algo mío. Claro que sí, JAAD, tu nombre debía estar al lado de esa gente.
Me senté en el piso. Se sentó frente a mí. ¡Ah, que bien! Me mandó tu profesor ese descarado cara de buey y picha de merengue yo tenía diecisiete y me acosté con él porque me dio la gana me gustaron sus cincuenta años después se volvió un cínico todo el mundo es cínico tú también ¿verdad, JAAD? Un poco sí qué le vamos a hacer y se ríe y te da un beso y sentí el calor de sus entrañas a través de su boca ¿te quieres acostar conmigo? claro le dijiste claro que sí princesita si antes de conocerte ya quería acostarme contigo e imaginé que rodábamos por el piso y te subías arriba de mí y te abrías para mí así estuvimos una hora dos horas tres horas y jugábmos a vivir uno dentro del otro y tú te reíste y nos paramos en el alero para volar y me dirías soy una paloma empújame y te empujaría y serías libre.

—¿Todo eso está en tu mente? —preguntó abriendo los ojos y las piernas.
—Sí. Cuando no soporto más me encierro dentro de mí a soñar.
—Tócame. No soy un sueño.

Toqué sus teticas. Bajé la mano. Toqué su pubis.

A lo lejos escuchaba el mar y entre mis dedos sentía cada pulsación de las olas.

—Dicen que estoy loca. A lo mejor tienen razón. ¿Estoy loca? No sé, pero cada día quiero vivir menos allá afuera.
—La imaginación es el verdadero reino de la libertad.
—Déjame tocarte.
—Tócame.

Tocó y pintó mi cara. Tocó y pintó mi cuerpo. Pintó líneas y círculos sobre su piel que se erizaba. Se convirtió en erizo y hundía en mi deseo y mi sangre sus púas punzantes.

Quise entrar por su vagina y salir por su boca manchada de amarillo. Boca grande manchada de amarillo. Entrar por su vagina y salir por el otro lado del univeso.

—Vamos a jugar a Tota y Tabo —dijo de repente.

Corrió hasta los libros que tenía amontonados en un rincón y sacó Dos viejos pánicos. Comenzó a leer. Tabo ¿Qué? Vamos a jugar. No. ¿No? ¿Y qué haremos? Recortar y quemar. Sí, Tota, hay que quemar a la gente. Ayer quemé doscientas, y hoy pienso quemar quinientas. Paloma se reía. Siempre juego a Tota y Tabo. Yo también ¡qué raro ¿verdad?! no hay nada raro JAAD todo se conecta ella y tú, su vida y tu muerte, tu muerte y su vida, ella que es Tabo, tú que eres Tota. Vamos a jugar. Y jugaron.

Sacó otro cigarro. Bebimos. Cantos Gregorianos. Incienso. En la azotea se recostó al muro. Se inclinó. Abrió las piernas. No pensé en otra cosa que hundirme dentro de ella, que entrar suave y después con fuerza. Con fuerza, JAAD sin miedo y con fuerza que hoy es el último día del mundo. Ella gime y tú la besas y tú gimes y ella te besa y el aire y el sol y el cielo nublado y vista hermosa de una ciudad que se pudre y me hundo te hundes nos hundimos y te subo al alero y ella que ríe aquí te quiero lamer morder chupar comerme tus entrañas parecía un ángel serás un ángel siempre un ángel que todo el mundo pase y te vea desnuda y que lo vean a él hurgando como zapador en tierra minada voy a explotar explota princesita y explotaría una y mil veces más y estarían allí los dos hasta que llueva y la lluvia los dejó acurrucados con frío y se darán calor como yegua y caballo limpiándose las heridas.

—Empújame. Quiero volar. Vamos JAAD,empújame.
—No.
—Empújame.
—No.
—Empújame.
—No.

Y se levantó a buscar los binoculares. Vamos a ver el crepúsculo. El sol cayendo dentro del mar, allá a lo lejos, y barcos en la bahía y pescadores somnolientos y rojo sobre gris. Nos besamos. Me dijo que era muy triste morir sin ver el mundo. El Mundo. ¿Cómo es el Mundo? Le hablé de Madrid.

–¿Estuviste en Madrid? ¿Por qué regresaste?
—Por amor.
—¿Por amor? ¿Amor a quién? ¿Amor a Cuba?

Amor a la patria. Extraño sentimiento. Pasión enfermiza. Delirio que somete y libera. Ser rey y esclavo.

—Por amor a una mujer, parece ridículo ¿verdad?

Le dije un poema de amor y un poema patriótico: El trapo heroico de Poveda. Vimos a lo lejos la bandera de la estrella soliaria. Demasiada soledad. El frío de las estrellas. Muerte cósmica. El frío de Casal. Hablamos de Casal. Se había leído toda su poesía. Por supuesto, aquel verso: tranquilo iré a dormir con los pequeños.

Miró a la calle. Quería volar. Todo su cuerpo quería volar. JAAD lo sabía. Se acercó y la abrazó. Podía escaparse en un segundo.

—Cuando te vayas me tiro. Voy a volar y dormiré con los pequeños. Mi cabeza contra el asfalto.¿No te gusta esa imagen?

La besé.

Ya era de noche.

—Vete, llegó la hora.
—Un hombre rebelde es un hombre que un día dice no —dije de memoria el comienzo del libro.

Quedó en silencio.

—¿No te alegró el regalo? ¿No querías tenerlo?

Temblaba. Puro temblor por dentro y por fuera.

—¿Cómo es que te vas a matar? Ellos están locos,nosotros no.

Seguí hablando para distraerla.

—¿Sabes lo que quise hacer cuando terminé de leerme El hombre rebelde? Escribir NO en todas las paredes. Salir a la calle y pintar No en todas las paredes. ¿Te imaginas, Paloma? un NO que iba a entrar por los ojos y quedarse en la conciencia de toda la gente.

Miraba al horizonte. Ya no me escuchaba. Se alejó de mí. Me dejó en el muro y regresó al cuarto.

—Vimos el crepúsculo, Paloma, y tenemos que ver el amanecer.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no.
—Vamos, Paloma.
—Vete.
—Dale, princesita. Vamos a jugar otra vez a Tota y Tabo.
—Vete.
—¿Qué me vaya? ¿Por qué?
—Vete. Hoy es el último día del mundo.

El mundo estaba loco y nosotros cuerdos. O al revés. No importa. De todas formas no teníamos otra opción: ser felices en medio de la guerra. Se lo dije.

—Es una frase muy linda. Yo necesito acción.Vete.
—Basta de palabras. Un gesto. Una acción —dije imitando la voz de un narrador de radionovelas.

Fue otra vez hasta el rincón de los libros. Me trajo un libro de Cesare Pavese.

—Un regalo.
—¿Un regalo?
—Sí, un regalo. Y quiero que te vayas.
—No estás hablando en serio.
—¿Por qué no? ¿Cuánta gente se mata todos los días? Se pegan candela, se ahorcan. Yo quiero volar. Ser libre mientras se está cayendo, pensé. También somos unos exiliados en la tierra de la imaginación. Ya nada sirve de nada.

–Paloma…
—No te pongas patético. Vete. Escríbeme un poema.

Y me fui.

Recordé al profesor. Al profesor que estaba loco de remate.

Quise quedarme. Insistí. Ya no se reía. En la azotea quedaron los pinceles, el óleo, la paleta, los libros.

Y me fui.
Y nunca la olvidé.
Y te escribí un poema.

Bajé las escaleras. Pensé que se iba a desplomar el edificio. Esquina de Cuba y Desamparados. Una esquina más. Una esquina cualquiera del mundo.

Te escribí un poema y jugué a Tota y Tabo mientras bajaba. Despacio. Cuando llegue a la calle quiero que hayan pasado diez años, pensó JAAD. Hay que pensar peligrosamente. Te imaginé otra vez. Te vi otra vez. Otra vez entramos uno dentro del otro para escapar y escaparnos. Tú eras bella y paloma, Paloma. Tú fuiste bella y paloma, Paloma.

Cuando llegué a la calle era de día.

Vi el cuerpo en el asfalto.

Su cabeza rota. Su boca grande pintada de amarillo.
Tocaba tus alas de paloma, Paloma. Tus alas rotas. Alguien gritó. Alguien se asomó a una ventana.
Te besaba, Paloma. Besaba tu pico ardiente de paloma, Paloma. Te vi caer en ese momento. Te veía caer. Te veré caer.

Un gallo cantó.

Me arrodillaba otra vez para comerme tu fresa. Te abría las piernas. Quería ver el Aleph. Quería ver el insondable universo.

Y vi el sol. Me vi a mi mismo caminando rumbo al mar.

Cerré los ojos.

Cerraría los ojos para recordar.

No tenía otra opción, Paloma.
No tendré otra opción, Paloma.
No tengo otra opción.

Recordar y recordarte, ser feliz en medio de la guerra.

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jaad
(La Habana, 1966) Vivo en Valencia, y en La Habana. “Adiós a las almas” (relatos), publicado por Letras Cubanas, en 2002. Coordinador junto a Lizabel Mónica (o “Rebeca Duarte”) de la revista Cacharro(s) [La Habana, 2003-05].


 
 Raúl Flores finalmente me envía un pequeño texto.
To: lia
Sent: Thursday, October 09, 2008 9:08 AM
Subject: un texto
Lia, te adjunto un texto que hice el otro día. Es más bien un cuento corto (2 cuartillas). Mira a ver si te cuadra para tu página. De todas formas, más adelante te voy a mandar algo más largo, más parecido a un artículo, o una columna. Nos vemos por ahí, ahora tengo que ir a ver películas al cine, hasta que se arreglen los discos duros que tenía para transportar informacion, así que gracias por la promoción del Chaplin.
Besos
 
RFI
 
 

OTROS MUERTOS

 

La gente sólo sabía escribir de muertos. Muerte, muerte por todas partes. Los cuentos de hadas transmutados en modernos cuentos de horror. Las hadas en sí mismas habían dejado de ser tenues figurines de fantasía para transformarse, por obra y gracia de imaginaciones ajenas, en oscuras vampiresas sedientas de sangre. Todas las narraciones del momento terminaban con un reguero de vísceras por las paredes de las habitaciones. Pocas habitaciones y muchas vísceras.

La poesía, en cambio, era lírica e introspectiva. Más lírica y más introspectiva que nunca. Nadie llegaba a explicarse por qué el reguero de sangre que afectaba al campo de narrativa se quedaba en el umbral del campo poético nacional. Los y las poetas iban por ahí con sus camisas a cuadros y sus blusas a cuadros y se detenían a la orilla de playas vacías, adónde sólo llegaban partes de cadáveres enredadas entre crestas de algas. Se detenían a admirar las silenciosas puestas de sol. A decir Hay sol bueno y mar de espuma. Escribían hermosas odas repletas de alejandrinos y tercetas altisonantes sobre el lento rumor de las olas sobre la costa al atardecer. Sólo que no usaban la palabra atardecer, sino la palabra crepúsculo.

No obstante, nada de esto se publicaba. Aquella narrativa llena de sangre y balas y partes de cadáveres, y aquella poesía pletórica de bellos símbolos, hermosas metáforas y palabras altisonantes, se quedaba en las páginas inéditas de aquellos noveles autores. Lo único que se publicaba eran otras voces, otros ámbitos. Antiguos autores, validados por años transcurridos entre antiguas vidas y viejas muertes. Premios Nacionales, nominados al Nobel. Y así y así. A lo Vonnegut.

Pasadas glorias que para nada reflejaban los tiempos que transcurrían, cierta mirada al ayer donde todo era mejor, más bonito y más barato. Literatura lavada como si de dinero en bancos de mafia se tratara. Una recuperación de tiempos idos, para un presente cada vez más inseguro. Y eso era lo que lograba colarse en las páginas de los diarios, en los folios de los pocos libros editados y editables, en espacios culturales de radio y televisión, en un momento en el cual no existía radio, no existía televisión.

Para ser publicado había que escribir prosa lavada, como fotografía desvaída por el paso de los años. Falsificar estilos. Recrear lo ya recreado. Narrar lo inenarrable. O el caso contrario, escribir poesías fogosas, acorde con mentalidades ajenas. Versos que incitaran a la lucha, a un glorioso amanecer. Estrofas vibrantes. Palabras candentes como bofetada en el rostro.

Pero los escritores aceptaban su ineditez con estoicidad. Otro día será, decían y continuaban inundando sus escritos de litros de cálida sangre y/o melosas metáforas. Las páginas de los diarios proliferaban entonces con esa rara condición que poseen los muertos de llegar a todas partes, y por doquier aparecían después esas mismas páginas despedazadas, masacradas, como si de otros cadáveres se tratara. Cuerpos desecados de sangre, de todo rastro de posible emoción. Papel recortado, rasgado, torturado, lleno de agujeros como hueco de bala.

Estas mismas hojas de los diarios llegaban después, envueltas entre crestas de algas y vísceras blancuzcas, a las orillas de las playas como otros tantos muertos más, otros distintos ámbitos. Y los poetas se reunían y escribían Hay sol bueno y mar de espuma… con las mejores de sus poéticas intenciones. Y escribían frases bonitas sobre el atardecer, sólo que nunca usaban la palabra atardecer.